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MÉXICO 68: El inicio del cambio.
MÉXICO 68: El inicio del cambio.
Por Abraham Valverde., enviado el  21/Octubre/2008.

El pasado 16 de Octubre se cumplió 40 años del gesto más famoso de la historia del deporte, el que, puño enguantado y en alto, Tommie Smith y John Carlos protagonizaron tras la final de los 200 metros planos de los Juegos Olímpicos de 1968. Este hecho representó fueron la vanguardia de una reunión atlética que cambió para siempre el deporte y la sociedad, desde el primer caso de doping por cerveza hasta aquel extraño saltador de altura que le dio la espalda al listón.

Aquel dos de octubre, en la Plaza de las Tres Culturas de la Ciudad de México, el ejército y un grupo paramilitar alentado por el gobierno llamado Batallón Olimpia masacraban a la multitud que se manifestaba. Los que protestaban, un heterogéneo movimiento formado por estudiantes, intelectuales y trabajadores, fallecieron en decenas o cientos, según las fuentes, ya que se ha hablado desde 68 muertos a varios centenares.


10 días después, el presidente Gustavo Díaz Ordaz inauguraba los Juegos Olímpicos, un avión de papel negro caía en su palco. Era la primera protesta de las muchas que se dieron en aquellos días.


En este ambiente de revolución mundial, era evidente que los Juegos iban a estar muy politizados. La efervescencia planetaria calaba en los atletas, con la epidermis mucho más permeable al mundo que les rodeaba que los actuales deportistas profesionales. Sin embargo, en lo estrictamente deportivo, México'68 fue una revolución.



Los juegos récord.


Bob Beamon, que era otro de los activistas políticos del equipo norteamericano, pasó a la posteridad por el que quizá es el récord más mítico de la historia del atletismo: sus 8,90 metros en salto de longitud. Beamon batió el anterior récord mundial por 55 centímetros y al segundo clasificado por 71. Cuando anunciaron su marca, Beamon no se dio cuenta, y tuvo que ser su entrenador quien se lo advirtiese. Cuando lo supo, se cayó al suelo y tuvo que ser levantado por otros dos competidores. Poco después de los Juegos fue elegido en el Draft de la NBA por los Phoenix Suns, aunque nunca llegó a jugar.



Además, se batieron los records de 100 metros, 400, el triple salto (cinco veces en el concurso), pértiga y lanzamiento de disco. La razón, posiblemente, fueron los 2.240 metros de altura del Estadio Olímpico Universitario, el más alto que nunca albergó unos Juegos.


Richard Fosbury, el "raro" que volaba de espaldas.



En 1968 el mundo no estaba interconectado. Por eso, cuando un espigado saltador de altura llamado Richard Fosbury saltó 2,24 metros (récord olímpico) con una nueva técnica, en la que superaba el listón de espaldas, el estadio enmudeció. Poca gente sabía que había logrado el campeonato universitario norteamericano meses antes con esa misma técnica, y no mucha más se enteró de que, poco tiempo después, dejó de competir y se dedicó a trabajar como ingeniero. Sin embargo, su legado es la técnica con la que todos los saltadores de altura hacen hoy su trabajo.





Surge una potencia y otra se divide.


Kenia y Etiopía son hoy verdades absolutas en el fondo, pero fue en nuestro país en el que estos países tomaron el mando, lo que supuso otra metáfora del cambio: el continente olvidado asaltaba los cielos. Los kenianos ganaron el oro en 10.000 (Temu), 1.500 (Keino) y 3.000 obstáculos (Biwott), cuatro platas y un bronce, todos ellos en larga distancia. Etiopía sumó el oro en maratón con Mamo Wolde, atleta que también ganó el bronce en 10.000. En los anteriores Juegos Olímpicos, Kenia había conseguido una medalla (bronce) y Etiopía, otra.


Alemania competía por primera vez dividida entre la RDA y RFA, fruto de la partición del país tras la II Guerra Mundial. Los tres anteriores Juegos (1956, 1960 y 1964) habían participado unidas. Las dos Alemanias compitieron separadas hasta Barcelona'92.


Doping con espuma.


El pentatleta Hans-Gunnar Liljenwall, sueco, estaba nervioso. Para calmarse, como él mismo reconoció, se tomó "un par" de cervezas antes de competir. No contó con que, por primera vez en la historia de los Juegos, había control anti-doping y dio positivo por etanol.



Símbolo del cambio... una mujer.


Por primera vez en la historia, una mujer realizaba el último relevo de la antorcha olímpica. Queta Basilio, corredora de 80 metros planos, fue la primera deportista participante (y única hasta que en Sidney 2000, la velocista y aborigen australiana Cathy Freeman hiciera lo propio) que tenía tal honor. Hoy, Basilio se dedica a la política; curiosamente en el PRI, el partido que ordenó la matanza de Tlatelolco.


1968 significa un antes y un después en la vida de los juegos olímpicos. A todas estas situaciones se le pueden agregar otras de carácter social y cultural como el diseño de los juegos, la ceremonia de clausura y muchas otras características que hicieron de este evento los mejores juegos olímpicos de la historia.


Y es que, aunque hace 40 años muchos quisieran cambiar el mundo, está claro que no lo consiguieron. Pero esa... esa es otra historia.

   

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