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Competitividad y competencia: el nombre del juego. Por Carmen Villegas, enviado el 21/Octubre/2008.
Desde hace ya algún tiempo, hay una palabra que se impone en el escenario económico global; un concepto que impone condiciones y que va de lo económico a lo social, pasando por el factor político: la competitividad.
El incremento de la competitividad es indispensable para atraer las inversiones que garanticen la creación de los empleos que requiere México. Sólo así es posible reducir la pobreza que existe en nuestro país. Si México quiere prosperar, debe incrementar su competitividad como país y la competencia en su interior.
La competencia ha demostrado históricamente su poder para generar cambios y progreso. La competitividad es la capacidad para participar en la competencia con buenas expectativas de ganar o de hacer un buen papel.
En Coparmex se cree firmemente en esto. Como representantes de una visión del sector empresarial mexicano, abanderan todo aquello que impulse un entorno competitivo favorable. Todo ello con el compromiso de mejorar los niveles de bienestar de todos los mexicanos, porque si bien son empresarios, primero son ciudadanos.
El incremento y perfeccionamiento de la competencia en México no sólo puede mejorar nuestro desempeño económico, sino que promueve la generación de nuevas oportunidades comerciales para y por los ciudadanos. De esta manera se reducen los costos de los productos y servicios a través de toda la economía.
El Plan Estratégico 2008-2013 de Coparmex lo deja bien claro: quieren demostrar que la libre competencia beneficia a los ciudadanos por ser ésta uno de los factores determinantes para generar las condiciones de prosperidad. Por eso éste es el tema principal del Encuentro Empresarial 2008, que organiza la Confederación Patronal de la República Mexicana y que llevará a cabo en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, del 22 al 24 de octubre.
Estos son días en que hay que defender los valores de la competencia libre y leal. La crisis financiera que hoy se extiende por el mundo no es resultado de la competencia por sí misma. Es producto, más bien, de una competencia distorsionada por elementos de inequidad, privilegios, opacidad e información y regulación insuficientes.
Esta crisis empezó a gestarse cuando se perdieron de vista el objetivo y las reglas de la competencia genuina, la única que puede generar prosperidad de largo plazo y no ciclos cortos de auge y caída.
No hay que preguntarnos si el mercado, como tal, funciona, sino si la economía que tenemos aquí y ahora nos permite aprovechar toda su capacidad, si en verdad es un mercado de competencia libre y leal.
Lo mismo da que hablemos de automóviles que de instrumentos financieros, como en el caso de la actual coyuntura financiera. El mercado que necesitamos es aquel donde hay transparencia e información fidedigna para todos los participantes, no sólo para algunos. Ese tipo de competencia se traduce, tarde o temprano, en ganancia para todos.
Para más información sobre el Magno Evento que realizará la COPARMEX, consultar: www.coparmex.org.mx
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